Don Quijote, la primera novela «moderna», sigue siendo un éxito

quijote

Por Marie Lebert, octubre de 2014.

Traducido del francés por Alicia Simmross.

Obra bastante «extraña» para la época, la novela de Cervantes parece ser la más leída y la más traducida del mundo entero. También sería el libro más leído después de la Biblia. Cuatro siglos más tarde, el caballero errante sigue haciendo cabriolas en lo alto de la lista de superventas a nivel mundial, también con su versión electrónica.

Un primer tomo en 1605

El título completo del primer tomo es «El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha», obra del gran Miguel de Cervantes, cuya vida aventurera no tenía nada que envidiar a la de su héroe.

Abro un pequeño paréntesis que quizás nos reconfortará si somos plumíferos: Cervantes no dejaría nunca de tener dificultades económicas durante su larga existencia (1547-1616), incluso a pesar de la celebridad; prueba de que los apuros ligados a esta profesión no son una novedad.

La primera edición del tomo I la publica Juan de la Cuesta en 1605, en Madrid, tras el acuerdo (el privilegio real) firmado por Cervantes el 26 de septiembre de 1604. En esa época aún no se podían colgar las obras en la web de un día para otro y obtener celebridad inmediatamente a través de Facebook o Twitter. Mas, incluso sin los medios de difusión contemporáneos, la obra de Cervantes es un exitazo, al menos en el sur de Europa.

Tanto es así que el editor e impresor Juan de la Cuesta publica rápidamente, cuando todavía no ha pasado un año, una segunda edición de la novela tras un nuevo privilegio real que firma Cervantes el 9 de febrero de 1605, esta vez para poder difundirla no solo en España sino también en Portugal. En pocas semanas, el éxito es fulgurante.

Esta segunda edición de la obra corresponde casi completamente a la primera, excepto por los capítulos 23 y 30, que se hacen mucho más voluminosos debido al relato del robo del asno de Sancho Panza, fiel acompañante del Quijote, y al del retorno de este animal a su entonces feliz propietario.

También en 1605, dos ediciones de Don Quijote no autorizadas (ediciones pirata; no tengamos miedo de llamar a las cosas por su nombre) se publican en Lisboa, ciudad faro de Portugal, y otras dos —estas sí con autorización— se publican en Valencia, en la costa este de España. Hay que apuntar, ya que ha salido el tema, que las ediciones pirata también existían en el siglo XVII y no son una calamidad debida al internet, al contrario de lo que nos quieren hacer creer.

En 1607, la novela se publica en Bruselas; es la primera etapa fuera de la península ibérica, mucho antes de que esta ciudad se convirtiese en sede de la Unión Europea.

En 1608, el mismo Juan de la Cuesta publica de nuevo la novela en Madrid. Espero que me estén siguiendo; la vida de este libro sigue meandros tan sinuosos como los de su héroe, meandros que además difieren mucho según las fuentes consultadas, pues la leyenda maquilla la realidad. Por una vez, privilegiamos aquí las fuentes pre-internet del siglo XX.

Esta tercera edición «oficial» (las dos anteriores datan de 1605) presenta diferencias y correcciones que se atribuyeron durante un tiempo a Cervantes. Sin embargo, algunos especialistas piensan que el texto escrito realmente por la pluma del autor es únicamente la edición de 1605, y que este no participó en los añadidos y correcciones de las ediciones siguientes, excepto en el relato del robo del asno de Sancho Panza ya mencionado antes. ¿Quién pudo haberse permitido entonces estos cambios? ¿Acaso el editor, quien —ya en esa época—, «arreglaba» la obra del autor a su gusto por razones comerciales u otras?

Se cuenta también que, en su apuro por republicar la obra (o por reimprimirla; no había gran diferencia en esa época) para que los fanáticos de Cervantes no comprasen ninguna edición pirata (no en internet, no, pues sigue tratándose del siglo XVII), el editor habría hecho caso omiso, desafortunadamente, a algunas faltas de ortografía que fueron señaladas inmediatamente por los eruditos de la época, y obviamente también por los críticos literarios.

Un segundo tomo en 1615

Tras algunos escritos que dejaron menos huella en el firmamento literario, Cervantes reincide una década después con un segundo tomo nombrado esta vez «El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha», el cual sería igualmente publicado por Juan de la Cuesta, en 1615, gracias al privilegio real firmado en marzo de ese año y por una última aprobación firmada en noviembre —la primera se había firmado en febrero—; o sea, cinco meses antes del deceso de Cervantes el 22 de abril de 1616 (la víspera de la muerte de Shakespeare). En nuestra época, este segundo tomo solo habría estado disponible en librerías para las fiestas de fin de año si es que el impresor y el distribuidor no hubiesen perdido tiempo.

Además de don Quijote y Sancho Panza, en el que su coeficiente intelectual (CI) parece aumentar de capítulo en capítulo por el contacto con su ilustre amo —reflexión personal apoyada por varios especialistas en el tema—, abundan otros 200 personajes; 150 masculinos y 50 femeninos. Todavía no había paridad, por lo tanto, mas el porcentaje de mujeres es impresionante para la época, siendo la más visible y conmovedora Dulcinea, el gran amor del Quijote. Es necesario precisar aquí que, también en la vida real de Cervantes, las mujeres a su alrededor estuvieron muy lejos de ser un mero adorno sin voz ni carácter cuyas vidas amorosas no estaban todavía sometidas al puritanismo de los siglos posteriores.

Tampoco olvidemos a otro personaje esencial; Rocinante, el fiel caballo del Quijote, un semental esquelético inmortalizado en numerosas obras de arte tanto en España como afuera. El Quijote, buscando un nombre para su cabalgadura, realiza esta elección tras cuatro días reflexionando intensamente para «que significase, sin lugar a dudas, que su cabalgadura había sido un simple rocín antes de convertirse en el número uno de todos los rocines del mundo». Sin excesiva modestia ni para el caballo ni para el amo.

La obra —ahora de dos volúmenes— prosigue su camino a lo largo de los siglos hacia su gloria global al parecer sin grandes eclipses, al contrario que otras obras de arte de la literatura universal. Habría sido publicada una treintena de veces en su lengua original durante el siglo XVII; una cuarentena de veces en el siglo XVIII, alrededor de 200 veces en el XIX y al menos 300 en el XX de manera regular; o sea, tres veces al año.

Muchas traducciones

A partir del siglo XVII, las traducciones abundan en inglés, francés, italiano, alemán y holandés; una prueba de que la Unión Europea existía ya antes del siglo XX, al menos en el mundo literario.

La primera traducción de las aventuras del Quijote (de la edición original publicada en 1605) se hace al inglés, a pesar de no ser todavía esta la lingua franca indispensable para las comunicaciones mundiales, incluidas las literarias. Quizás se deba a la influencia de Shakespeare, que en ese entonces se encontraba pasando los últimos años sobre la Tierra.

El traductor que aborda esta tarea gigantesca es Thomas Shelton, y esto sin la ayuda de un procesador de textos, sin traducción asistida por ordenador y sin corrector automático. Su traducción se publica en Londres en 1612 con el título «The history of the valerous and wittie knight-errant don Quixote of the Mancha». El mismo Thomas Shelton hace más tarde, sin esperar, la traducción del segundo tomo (de la edición original publicada en 1615) la cual se publica en 1620.

Sigue a esta una traducción francesa muy esperada en la Ciudad Luz, particularmente en la Sorbona y en los cafés literarios de moda del Barrio Latino. Muy esperada también en el resto de Francia y otros lugares francófonos; un territorio enorme, pues el francés era todavía la primera lengua a nivel mundial y no se había visto duplicada por el inglés. El primer tomo es traducido por César Oudin y aparece en París en 1614 con el título «L’ingénieux don Quixote de la Manche», uno más sobrio que el título inglés; lo cual no deja de ser extraño. El segundo tomo, traducido esta vez por François de Rosset, aparece en 1618.

Más tarde, Lorenzo Franciosini de Castelfiorentino realiza una traducción al italiano, la cual se publica en Venecia en 1622 con el título «L’ingegnoso cittadino don Chisciotte della Mancia». La traducción del segundo tomo se publica en 1625. Nos podemos imaginar, emocionados, cómo la obra de Cervantes viajó en alguna de las miles de góndolas que circulan por las calles de Venecia para ser entregada a domicilio y a los libreros, o bien «corriendo» a rienda suelta para ir a conquistar Roma y otras ciudades.

Después aparecen las traducciones en alemán y holandés en el mismo siglo XVII, y las realizadas en danés, polaco, portugués y ruso en el XVIII. Finalmente, en casi todas las lenguas —sean estas mayoritarias o minoritarias— en el XIX y XX.

Algunos ponen el listón muy alto. En lugar de leer la obra traducida en su lengua materna, deciden aprender castellano —ahora llamado «español»— para poder leer las aventuras de don Quijote en versión original.

De hecho, es el caso de Alexander Pushkin, según Wikipedia. Sin embargo, Wikipedia no dice si este realmente leyó los dos tomos en castellano de cabo a rabo o bien si los servicios de traducción de Google del ruso al español le marcaron las partes más difíciles de entender, por las cuales habría pasado rápidamente para llegar a la página siguiente ;-)

Para los que se atrevan, recomendamos la bella edición virtual (gratuita, por supuesto) de Don Quijote de la Mancha en la página del Centro Virtual Cervantes.


Copyright © 2014 Marie Lebert (texto) & Alicia Simmross (traducción)

Written by marielebert

2014/10/21 at 07:00

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